En general, y una vez que se acostumbraron, nunca han faltado a la cita con la comida. De carácter nervioso y desconfiado son mucho más complicados de retratar que los Petirrojos. Rara vez se quedan el tiempo suficiente para fijarlos bien. Muy difíciles de enfocar y de pillar en una actitud sugerente (rara vez colocan el cuerpo erguido ya que prefieren estar muy agachados). A ello hay que sumar el contraste de blancos y negros de su plumaje que hace que una medición correcta de la luz sea muy complicada. Normalmente o te quedas corto o te pasas (más si no tienes flash). La solución es fotografiar en días nublados y sobreexponer o subexponer según donde logremos el enfoque y el tipo de medición que empleemos.
No me enrrollo más, ahí va una pequeña muestra...


